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Hiponatremias hospitalarias

Ha sido extensamente demostrado que el período post-operatorio inmediato (PPOI) constituye una frecuente causa de hiponatremias hospitalarias (3,18,21,47), situación que conforma una situación prevenible de morbi-mortalidad.

Un estudio prospectivo demostró que el 25% de las hiponatremias desarrolladas en pacientes internados se desarrollaron en el PPOI (21). Asimismo se demostró que en este período está especialmente caracterizado por una importante avidez renal de sodio y retención de agua (48-50) en donde la liberación de ADH por parte de la neurohipófisis juega un rol fisiopatológico fundamental. Tal aseveración ya fue referida por varios autores años atrás (3,8,13,14,49,50-52).

 

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS DEL SIADH

1- Hiponatremia e hipoosmolaridad.

2- Osmolaridad urinaria inapropiadamente alta (mayor a 100 mosml/kg)*

3- Sodio urinario mayor a 40 mEq/L.

4- Normovolemia.

5- Función renal, suprarrenal y tiroidea normales.

6- Equilibrio ácido-base y balance de potasio normales.

Tabla 6: Criterios para el diagnóstico de SIADH.

* El criterio clásico respecto a la osmolaridad urinaria(OSMu) es considerar a esta mayor a la osmolaridad plasmática, condición que conduce a una infravaloración de este síndrome. En un estado de sobrehidratación, la osmolaridad urinaria “apropiada” debe estar en el rango comprendido entre 40 – 80 mosm/kg, valor que refleja una adecuada y total supresión de la secreción de ADH, situación que permite al organismo desembarazarse del exceso de líquido. La hiponatremia con hipoosmolaridad debe abolir la secreción de ADH  conduciendo  a la Osmu a un valor inferior a 100 mOsm/kg (Polidipsia primaria). En presencia de hiponatremia una Osmu mayor a 100 mOsm/kg constituye un valor “inapropiadamente” alto y refleja la pérdida de supresión de ADH, tal como acontece en el SIADH y en la depleción de volumen. Por lo tanto, una Osmu mayor a 100 mOsm/kg, aún siendo menor a la osmolaridad plasmática constituye sin duda un criterio para el diagnóstico de SIADH (12,27,34,35,38).

 

La hiponatremia post-operatoria es usualmente atribuida a dos factores: 1) la infusión de excesiva cantidades de agua libre de electrolitos (soluciones hipotónicas) y, 2) acción de la ADH para evitar la excreción de esa carga acuosa. La administración de agua libre de electrolitos ha sido y es considerada fundamental para el desarrollo de hiponatremia post-operatoria. Aunque el incremento de la ADH plasmática disminuye usualmente cerca de las 72 horas después de la intervención quirúrgica (8), puede persistir alta aún 5 días después (53). En presencia de altas concentraciones séricas de ADH circulante, la administración de soluciones hipotónicas y aún más raramente de soluciones isotónicas (fenómeno conocido como desalinación consistente en la producción de orina hipertónica en ausencia de hipovolemia con altas concentraciones de sodio y potasio -Tabla 7-) conduce a la retención renal de agua e hiponatremia (22). En varios estudios publicados se han reportado que la gran mayoría de pacientes hiponátremicos en el PPOI (con incidencias que promedian un 95% según los diferentes estudios referidos) estaban recibiendo soluciones hipotónicas cuando desarrollaron tal desequilibrio hidro-electrolítico (4,48,51,54-56). En dos estudios publicados en 1979 y 1983 se administraron los requerimientos electrolíticos diarios a pacientes en PPOI en soluciones hipotónicas e isotónicas constatándose el desarrollo de hiponatremia solo en el grupo que recibió soluciones hipotónicas (13,54).

 

Causas del proceso de desalinación

·         Período post-operatorio inmediato

·         Síndrome de pérdida cerebral de sal

·         Tratamiento con tiazidas en paciente edematoso

·         Administración de solución salina isotónica en paciente con SIADH

 

 

 

 

 

Tabla 7: Causas más frecuentes asociadas al proceso de desalinación.

 

Thomas TH y Morgan DB llevaron a cabo un estudio prospectivo acerca de las hiponatremias post-quirúrgicas y su relación con el rol fisiopatológico que desempeña la ADH en estos estados (13). Estos autores enrolaron 14 pacientes bajo cirugía abdominal en los cuales midieron las concentraciones séricas de sodio, la osmolaridad plasmática y urinaria y la excreción urinaria de ADH. Cada una de estos pacientes recibieron 3 litros de soluciones endovenosas como plan de hidratación, 8 de ellos solución fisiológica (SF) solamente y los 6 restantes recibieron soluciones parenterales alternadas (SA), solución fisiológica (1,5 l) y dextrosa al 5% (1,5 l).

            Las concentraciones séricas de sodio no cambiaron en el grupo que recibió SF mientras que se observó una disminución en el grupo que recibía SA durante el día de la intervención quirúrgica y permaneció bajo en los días subsecuentes. En el día de la operación las concentraciones urinarias de ADH incrementaron significativamente en ambos grupos. Durante los días posteriores y el día de la opresión los niveles urinarios de ADH y la osmolaridad urinaria fueron mucho más alto en el grupo que recibió SF en comparación con el otro grupo lo cual sugiere que una disminución o redistribución del LEC no fue la causa de un incremento de ADH. Estos resultados sugieren que fueron los más altos niveles de ADH en el grupo que recibió SF lo que se requirió para mantener una concentración sérica de sodio normal. En el grupo que recibió SA, aunque las concentraciones de ADH fueron más bajas, se produjo una orina con osmolaridad urinaria mayor de la necesaria para mantener el balance, por lo cual los pacientes retuvieron agua y se tornaron hiponatrémicos.

            Estos resultados indican que en estos pacientes, la hiponatremia pudo haber sido evitada si se hubiera administrado solución fisiológica solamente como plan de hidratación en vez de solución fisiológica alternada con dextrosa 5%.

            El incremento inicial de ADH en ambos pacientes fue, presumiblemente, parte de una respuesta al estrés de la intervención quirúrgica. En el grupo que recibió SF, la concentración plasmática de sodio no cambió durante los 7 días de duración del estudio y la osmolaridad urinaria jugó un papel fundamental para mantener la natremia dentro de límites normales. Estos hallazgos sugieren que la secreción de ADH en el grupo que recibió SF estuvo bajo control osmótico. En el otro grupo, la osmolaridad urinaria fue mayor de la requerida para mantener un balance normal, por lo cual los pacientes se tornaron hiponatrémicos, la liberación de ADH fue mantenida por estímulos no osmóticos.

            Por su parte Lane N. Y Allen K. citan un estudio prospectivo y retrospectivo (72) en el cual se estimó que un 20% de mujeres que desarrollaron síntomas de hiponatremia murieron o sufrieron serios daños cerebrales totalizando 10.000 – 15.000 casos por año en Estados Unidos y Europa Occidental. También plantean cuatro problemas fundamentales con respecto al manejo del medio interno en pacientes quirúrgicos (15):

1)      Falla de especialistas para reconocer a los pacientes en riesgo de hiponatremia.

2)      Ignorancia de los peligros de las infusiones rutinarias de soluciones hipotónicas.

3)      Confusión de los síntomas tempranos de hiponatremia con secuelas quirúrgicas.

4)      Atribuir los síntomas neurológicos severos de la encefalopatía hiponatrémica a otras condiciones tales como stroke.  

 

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