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Enfoque
diagnóstico
Como
en todo enfoque clínico, el enfoque de los tumores
testiculares esta sujeto a los siguientes aspectos:
Anamnesis completa, examen físico y estudios
paraclínicos.
Al realizar la anamnesis, el médico tiene que
categorizar al paciente, de acuerdo a su raza, edad,
procedencia, hábitos de vida y ocupación. Todos
estos datos servirán de herramienta al médico para
orientarse según la etiología mas probable, de
acuerdo al tipo de paciente. Antecedentes de
criptorquídia, disgenesia testicular,
feminización, síndrome de Klinefelter, historia
previa e historia familiar de cáncer testicular
aumentan el valor pretest de está patología. Otros
factores intrínsecos en el paciente importantes
para el enfoque son la raza (los TCG son más
frecuentes en poblaciones afroamericanas) y la el
grupo etario (incidencia mayor entre los 15 a 34
años de edad). Desde el contexto del paciente,
ciertos ítems como la procedencia, hábitos de vida
y ocupación son importantes, ya que el paciente
puede proceder de regiones con frecuencias de
manifestación de la enfermedad importantes, así
como exposición ocupacional frecuente a agentes
carcinógenos. Por último es necesario precisar las
características y evolución cronológica de los
síntomas del paciente. Los pacientes con cáncer
testicular tienen como síntoma fundamental la
aparición de una masa indolora testicular o
escrotal, que puede venir acompañada de un proceso
inflamatorio, el cual, tiene como característica la
persistencia a pesar de la terapia antimicrobiana.
El examen físico inicial de los testículos debe
ser llevado a cabo con sumo cuidado e incluirá una
palpación precisa del contenido escrotal a fin de
establecer con claridad la relación entre los
testículos y las estructuras extratesticulares,
incluyendo el epidídimo. Es fundamental realizar
una prueba de transiluminación del tumor. Esta
maniobra permitirá diferenciar entre numerosas
anormalidades escrotales benignas, como el
hidrocele, de otras lesiones con mayores
probabilidades de malignidad. En general, toda masa
escrotal que no translumina debe ser considerada una
neoplasia hasta que se muestre lo contrario. Por
último, es importante investigar la presencia de
masa abdominales o linfadenopatías
supraclaviculares.
Con frecuencia, se obtienen estudios de
ultrasonografía testicular y determinaciones de
marcadores tumorales [ hCG, µ-fetoproteína (AFP),
deshidrogenasa láctica (LDH)] antes del tratamiento
quirúrgico inicial. La ecografía por supuesto
puede confirmar las impresiones del examen físico.
En este contexto clínico, las elevaciones
significativas de hCG o AFP son esencialmente
diagnósticas de cáncer. Sin embrago, dado que
todos los pacientes con seminoma y la mayoría de
aquellos con lesiones no seminomatosas incipientes
presentan niveles normales de estos marcadores, la
obtención de resultados normales no justifica la
interrupción de la investigación diagnóstica.
Como norma general, la exploración quirúrgica de
los testículos y la orquiectomía deben ser los
primeros estudios diagnósticos.
Esta intervención siempre debe realizarse por vía
inguinal, porque la disrupción de la barrera
escrotal natural interferirá con el drenaje
linfático del testículo y es posible que complique
el tratamiento ulterior. La orquiectomía confirma
el diagnóstico histológico, documenta el tipo
celular y constituye el comienzo del tratamiento.
Otras pruebas diagnósticas incluyen una
radiografía de tórax y la determinación de los
niveles de hCG, AFP y LDH. También es necesaria la
evaluación radiográfica de los ganglios
linfáticos retroperitoneales. En general, el
procedimiento de elección es la tomografía axial
computarizada, aunque algunos clínicos también
recomiendan la linfangiografía. Por último, si la
radiografía simple de tórax es normal, deberá
considerarse la posibilidad de obtener tomografías
del pulmón completo o, de manera preferencial,
tomografías computarizadas. Los otros estudios
radiológicos dependen de los hallazgos clínicos.
Por medio de estos exámenes radiológicos es
posible establecer con facilidad el estadio de la
lesión.
Marcadores
tumorales: El 70% aproximadamente de los pacientes
que consultan con un TCG no seminomatoso diseminado
tienen concentraciones séricas elevadas de AFP, hCG,
o de ambos marcadores. Si bien la concentración de
hCG puede estar elevada en los pacientes con
seminomas y con tumores no seminomatosos, la AFP se
eleva solamente en los pacientes con tumores no
seminomatosos. El hallazgo de un nivel elevado de
AFP en un paciente con un tumor exclusivamente
seminomatoso indica que existe un componente no
seminomatoso oculto. El nivel de deshidrogenasa
láctica sérica (LDH) sirve de marcador adicional
en todos los TCG, pero no es tan específico como la
AFP o la hCG. Los niveles de LDH están elevados en
un 50 a 60% de los casos de tumores no seminomatosos
metastásicos y hasta en un 80% de los casos de
seminomas avanzados. Antes y después de la
orquiectomia deben realizarse los niveles de AFP,
hCG y LDH. La hemivida de la hCG es de 24 a 36
horas, y la de la AFP es de 5 a 7 días. Estos dos
marcadores deben analizarse seriadamente durante y
después del tratamiento. Si se observa que uno o
cualquiera de estos marcadores o los dos vuelven a
elevarse o no descienden de acuerdo con la hemivida
prevista, hay que pensar en la persistencia o en la
recidiva del tumor. El marcador cromosómico
específico del TCG es un isocromosoma del brazo
corto del cromosoma 12 [i(12p)], que se ha
encontrado en todos los tipos histológicos, y que
tienen valor diagnóstico y, posiblemente también,
pronóstico. Otra aplicación clínica de este
marcador es el diagnóstico de los pacientes con
tumores de la línea media de histogénesis dudosa.
Enfoque
de Tratamiento
Tumores
no seminomatosos en estadio I
Si
después de una orquiectomía, las radiografías y
la exploración física no demuestran indicios del
tumor, y las concentraciones de AFP y hCG son
normales o se están normalizando de acuerdo con su
hemivida, los pacientes pueden elegir entre
vigilancia solamente o una disección de los
ganglios linfáticos retroperitoneales (DGLRP)
procurando respetar los nervios. Para decidir entre
la vigilancia y DGLRP hay que apoyarse en la
anatomía patológica del tumor primario. Si no se
encuentran indicios histológicos de invasión
linfática o vascular y el tumor está circunscrito
al testículo (T1), cualquier opción terapéutica
es razonable.
Si existe invasión linfática o vascular, o si el
tumor se extiende a la túnica, el cordón
espermático o el escroto (de T2 a T4), no debe
proponerse la vigilancia. Cualquier método debería
asegurar una curación de más del 95% de los
pacientes.
La DGLRP es la intervención convencional para
extirpar los ganglios linfáticos regionales del
testículo (los ganglios retroperitoneales). La
principal consecuencia a largo plazo de la DGLRP
estándar (bilateral modificada) es la eyaculación
retrógrada y la esterilidad. La DGLRP con
conservación de la inervación evita la lesión de
los nervios simpáticos responsables de la
eyaculación. En un 90% aproximadamente de los
casos, los pacientes conservan una eyaculación
normal. Si durante la DGLRP se observa afección de
los ganglios retroperitoneales, hay que decidirse
por la quimioterapia coadyuvante, debido a la
extensión retroperitoneal del proceso.
La vigilancia es otra alternativa para tratar los
tumores en estadio I cuando no se encuentra
invasión linfática/vascular y el tumor primario
está clasificado como T1. El seguimiento cuidadoso
consiste en realizar periódicamente radiografías
de tórax, exploración física, TC abdominal y
determinación de marcadores tumorales en el suero.
La mediana de aparición de una recidiva es de unos
7 meses, siendo raras las recidivas tardías
(pasados 2 años). El 70 a 80% de los pacientes que
no sufren recidivas no necesitan ningún tratamiento
después de la orquiectomía; el tratamiento se
reserva para los que la desarrollan.
TCG
no seminomatosos en estadio II
A
los pacientes con adenopatías retroperitoneales
circunscritas al mismo lado del tumor (con ganglios
que suelen tener 3 cm o más de diámetro máximo)
se les somete generalmente con una DGLRP modificada
como tratamiento inicial. Dependiendo de la
extensión del proceso tumoral, las posibilidades
terapéuticas después de la intervención son: la
vigilancia o dos o más ciclos de quimioterapia
coadyuvante. La vigilancia se aplica a pacientes con
metástasis resecadas "pequeñas" (todos
los ganglios con metástasis tumorales son de 2cm o
menos de diámetro máximo y hay menos de 6 ganglios
afectados); mientras que la quimioterapia
coadyuvante se reserva a pacientes con metástasis
resecadas "grandes" (más de 6 ganglios
afectados con > 2 cm de diámetro máximo, o
presencia de extensión extraganglionar del tumor).
Seminomas
en estadios I y II
La
orquiectomía inguinal seguido de radioterapia
retroperitoneal cura al 98% aproximadamente de los
pacientes con un seminoma en estadio I. La dosis de
radioterapia (2500 a 3000 cGy) es baja y se tolera
bien, y la tasa de recidivas es insignificante.
Alrededor de un 2% de los pacientes tendrá una
recidiva supradiafragmática o generalizada del
tumor. Se ha propuesto vigilar a estos pacientes y
se ha demostrado en estudios que existe una
probabilidad de recidiva del 15%. La mediana de
aparición de la misma es de 12 a 15 meses, y
durante la vigilancia (> 5 años) puede haber
recidivas tardías con mayor frecuencia que los
tumores no seminomatosos.
La
afección retroperitoneal no voluminosa ( estadios
IIA y IIB) se trata también con radioterapia
solamente. El porcentaje de paciente que consigue
una supervivencia libre de recidiva teniendo masas
retroperitoneales < 5 cm es de alrededor del 90%.
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